Encontraron un objeto metálico cubierto de percebes en el mar: esto es lo que el océano puede hacer durante años
Percebes, corrosión y concreciones pueden transformar un objeto sumergido hasta volverlo casi irreconocible. Así actúa el mar sobre el metal con el paso del tiempo.
Cuando un objeto metálico pasa mucho tiempo bajo el mar puede dejar de parecerse por completo a aquello que era originalmente. La superficie se cubre de organismos, sedimentos y productos de corrosión hasta formar una capa tan gruesa que, a simple vista, puede parecer una roca o un extraño cofre salido de otra época.
Las imágenes de esta historia son recreaciones visuales, pero el fenómeno que muestran es completamente real. Los especialistas lo conocen como bioincrustación y, en el caso de ciertos objetos arqueológicos metálicos, también pueden formarse gruesas concreciones alrededor de la pieza.
Por eso un objeto encontrado en el fondo del mar puede resultar casi imposible de identificar antes de ser estudiado por especialistas.

Primero llegan los organismos marinos
Los percebes son pequeños crustáceos emparentados con cangrejos y langostas. NOAA explica que pueden adherirse con enorme fuerza a superficies firmes como rocas, pilotes, boyas y cascos de barcos gracias a un cemento natural extremadamente resistente.
Si una caja, herramienta, pieza de un barco u otro objeto permanece sumergido, su superficie puede convertirse rápidamente en un nuevo lugar donde fijarse. Con el tiempo pueden añadirse algas, moluscos y otros organismos.
La Organización Marítima Internacional denomina bioincrustación a la acumulación de organismos acuáticos sobre estructuras sumergidas, un fenómeno tan importante que existen directrices internacionales específicas para gestionarlo en los buques.

Debajo de los percebes, el metal también está cambiando
El agua salada es un ambiente agresivo para muchos metales. Mientras los organismos colonizan el exterior, la corrosión transforma lentamente la superficie original.
En arqueología submarina, arena, conchas, productos de corrosión y otros materiales pueden terminar unidos alrededor de una pieza y formar una masa endurecida. Estas capas reciben el nombre de concreciones y pueden ocultar por completo la forma del objeto.
El Smithsonian ha descrito cómo piezas metálicas recuperadas de naufragios pueden llegar al laboratorio tan cubiertas de concreciones que los conservadores utilizan radiografías y otras técnicas antes de retirar las capas exteriores para evitar destruir lo que esconden.

Lo que parece un cofre podría ser algo completamente distinto
Una forma rectangular cubierta de organismos puede hacer pensar inmediatamente en una caja fuerte o un cofre. Sin embargo, identificar un objeto submarino únicamente por su apariencia exterior puede llevar a conclusiones equivocadas.
Una concreción puede ocultar herramientas, piezas mecánicas, elementos de un barco o varios objetos unidos entre sí. Incluso cuando se conoce el lugar exacto del hallazgo, los arqueólogos necesitan estudiar el contexto antes de determinar qué tienen delante.

¿Por qué no conviene abrirlo a golpes?
Si el objeto puede tener valor histórico, romper la capa exterior sin documentación puede destruir información importante. La posición en la que apareció, los sedimentos adheridos y hasta los materiales atrapados alrededor pueden aportar pistas sobre su origen.
Además, un recipiente desconocido recuperado del mar no debe abrirse simplemente por curiosidad. Puede contener materiales peligrosos o formar parte de restos que estén protegidos por la legislación local.
Cuando el hallazgo parece antiguo, militar, arqueológico o potencialmente peligroso, la opción prudente es fotografiarlo sin manipularlo innecesariamente y comunicarlo a las autoridades o especialistas correspondientes.

El mar puede convertir un objeto cotidiano en un misterio
Ese es uno de los motivos por los que las imágenes de objetos recuperados del océano resultan tan sorprendentes. Después de años bajo el agua, una pieza cotidiana puede terminar recubierta por una pequeña comunidad de seres vivos y por capas minerales que borran casi todas sus características originales.
Lo que vemos al sacarlo del agua no es únicamente el objeto. También estamos viendo todo lo que ocurrió sobre él mientras permaneció sumergido.
Y muchas veces, descubrir qué hay debajo de esa capa resulta mucho más interesante que intentar adivinarlo a simple vista.