Encontraron una botella sellada dentro de una casa antigua: llevaba siglos oculta y no era basura
Aparecen ocultas bajo suelos y junto a hogares de edificios históricos. Algunas estaban llenas de clavos, alfileres y mezclas extrañas: esta es la historia de las llamadas witch bottles.
Durante una reforma, retirar un tablón, abrir una pared o levantar un suelo antiguo puede revelar toda clase de objetos olvidados. Pero pocas cosas resultan tan desconcertantes como encontrar una botella deliberadamente escondida y todavía sellada.
En algunos edificios históricos de Gran Bretaña y otros lugares han aparecido recipientes que no fueron abandonados por accidente. Estaban colocados bajo suelos, cerca de hogares, en cimientos o en otros puntos cuidadosamente elegidos. Los arqueólogos los conocen habitualmente como “witch bottles”, o botellas asociadas a prácticas de protección contra la brujería.
Su nombre puede hacer pensar en una historia fantástica. Sin embargo, detrás de estos objetos hay una costumbre histórica documentada y una ventana extraordinaria a la manera en que algunas personas intentaban protegerse de amenazas que consideraban completamente reales.

Una botella escondida para que nadie volviera a verla
Las investigaciones de MOLA —Museum of London Archaeology— describen las llamadas witch bottles como recipientes de vidrio o gres, especialmente asociados al siglo XVII, que se utilizaron como objetos de protección ritual o como parte de remedios preparados contra la supuesta brujería.
Lo importante no era únicamente la botella. También importaban el contenido y el lugar donde se depositaba. Se han documentado ejemplos ocultos junto a hogares, bajo los suelos de edificios históricos y en otros contextos arqueológicos.
Para los habitantes que realizaban este tipo de práctica, esconder el recipiente formaba parte del procedimiento. La botella no estaba pensada para decorar una habitación ni para recuperarla al día siguiente. Su eficacia simbólica dependía precisamente de permanecer protegida y fuera de la vista.

¿Qué podían contener?
Aquí es donde el hallazgo se vuelve todavía más extraño desde una perspectiva moderna. MOLA explica que los contenidos más habituales incluyen alfileres y clavos, aunque también se han encontrado espinas y materiales relacionados con la persona que creía estar sufriendo un maleficio, como recortes de uñas.
Algunas fuentes históricas e investigaciones mencionan también el uso de orina. La lógica pertenecía a las creencias médicas y mágicas de la época: ciertos elementos vinculaban simbólicamente el recipiente con la persona afectada y con aquello de lo que intentaba protegerse.
No todas las botellas tienen exactamente la misma composición. Un ejemplo conservado por el National Trust y fechado aproximadamente entre 1600 y 1800 fue descubierto todavía sellado bajo un antiguo muro parroquial en Dorset. Su análisis detectó una mezcla de nicotina, grasa animal y agua salada.

¿Por qué se colocaban cerca del fuego, el suelo o los límites de la casa?
Las viviendas antiguas estaban llenas de puntos que, para sus habitantes, podían tener un significado especial. Puertas, ventanas, chimeneas y otros accesos marcaban la separación entre el interior protegido de la casa y aquello que podía entrar desde fuera.
Historic England ha documentado numerosas prácticas de protección ritual en edificios, desde símbolos grabados hasta zapatos y otros objetos deliberadamente escondidos. Estas costumbres muestran que la protección sobrenatural podía integrarse físicamente en la propia arquitectura de una vivienda.
Las witch bottles forman parte de ese contexto cultural. No eran simples objetos “raros” abandonados por alguien, sino elementos relacionados con creencias que durante siglos influyeron en la forma de interpretar la enfermedad, la mala suerte y otros acontecimientos difíciles de explicar.
Un miedo que para ellos era completamente real
Resulta fácil mirar estos objetos desde el presente y reducirlos a supersticiones. Pero hacerlo elimina la parte más interesante de la historia: quienes preparaban y ocultaban estos recipientes podían considerar la brujería una amenaza tan real como hoy consideraríamos un robo, una enfermedad o un incendio.
Historic England sitúa muchas prácticas de protección contra fuerzas malignas entre los siglos XVI y comienzos del XIX, una época en la que las creencias sobrenaturales convivían con la vida doméstica cotidiana.
Por eso estos objetos interesan a los arqueólogos: no cuentan únicamente qué poseían nuestros antepasados, sino también qué temían y qué hacían para sentirse seguros.
¿Cómo saben los arqueólogos que una botella tenía esta función?
No cualquier botella encontrada dentro de una casa puede etiquetarse automáticamente como una witch bottle. El contexto es fundamental. Los especialistas estudian dónde apareció, si estaba colocada deliberadamente, qué antigüedad tiene, si permanece sellada y qué materiales contiene.
Una botella vieja detrás de una pared puede ser simplemente basura de una obra. En cambio, un recipiente depositado de forma intencionada bajo un hogar o un suelo y que conserva una combinación inusual de objetos puede justificar una investigación mucho más detallada.
Precisamente por eso los investigadores recomiendan documentar cuidadosamente este tipo de hallazgos antes de moverlos o limpiarlos.

¿Qué deberías hacer si encuentras una botella antigua escondida?
La primera tentación puede ser abrirla para descubrir inmediatamente lo que contiene. Si el objeto aparece en un edificio histórico, esa puede ser una mala idea.
MOLA recomienda tratar una posible witch bottle como un hallazgo arqueológico: fotografiar su posición, evitar limpiarla y, cuando sea posible, no retirar el tapón ni abrir el recipiente. En Reino Unido aconsejan además contactar con los especialistas correspondientes del patrimonio arqueológico.
Fuera de Reino Unido, la normativa puede ser diferente, pero el principio sigue siendo útil: si un objeto parece haber sido ocultado deliberadamente hace siglos, documentar el contexto antes de manipularlo puede conservar información que después sería imposible recuperar.
Una casa puede esconder mucho más que objetos perdidos
Las paredes, chimeneas y suelos de los edificios antiguos funcionan a veces como pequeñas cápsulas del tiempo. En ellas aparecen monedas, zapatos, herramientas, cartas y objetos que simplemente quedaron olvidados.
Pero una botella ritual nos cuenta algo diferente. Su valor no está necesariamente en el recipiente, sino en la intención de la persona que decidió prepararlo y esconderlo.
Siglos después, cuando una reforma vuelve a sacarla a la luz, aquello que pretendía permanecer oculto termina revelando una parte muy humana del pasado: el deseo de mantener a salvo la casa y a quienes vivían dentro.